jueves, 13 de octubre de 2011

Una de geopolítica y lingüística (Bratislava I)


Antes que nada, debo reconocerlo: he visitado muy poco de este país, pero por Eslovaquia siento una especial debilidad. ¿Por qué? Pues por muchas razones. Algunas de ellas –siendo plenamente consciente de que, además de mi queridísima Raquel, tenemos otras muchas seguidoras femeninas- no ha lugar a que se expresen en este foro. No sé si me explico ;) Otras, sin embargo, sí que merecen ser glosadas aquí.

Para empezar, esta pequeña república centroeuropea de poco más de 5 millones de habitantes siempre tendrá que cargar sobre sus espaldas con el sambenito de tener un nombre que se confunde con el de otra república -también pequeña y también centroeuropea-, que es Eslovenia. Reconozcámoslo antes de seguir, señores (y señoras): la confusión Eslovaquia-Eslovenia es todavía una lacra en la cultura popular y seguramente uno de los motivos que mantienen a este pequeño país en un casi absoluto desconocimiento por parte del gran público. De hecho, si no fuese por los vuelos Alicante-Bratislava de Ryanair, Eslovaquia todavía permanecería hoy día entre nosotros en el más profundo de los anonimatos, en la i-g-n-o-n-i-m-i-a (si no la deletreo no me sale). Y es que, lo que desconocemos o nos provoca confusiones y/o dolores de cabeza, preferimos ignorarlo.

 Foto: Estar está...

 Pero no os vayáis a creer que la culpa de esta confusión es exclusivamente nuestra y que somos automáticamente unos ignorantes y unos burros. Más bien al contrario, os reconfortará saber que, en lengua eslovaca, esa confusión Eslovaquia-Eslovenia que a nosotros nos lleva a mal traer es incluso más absurda, pues basta con atender a lo siguiente:

  • Eslovaquia -->  Slovensko
  • Eslovenia --> Slovinsko

Es decir, en su propia lengua los nombres de estos dos países se diferencian ¡en 1 sola letra! En resumen, ellos mismos han fomentado la confusión, ¡la madre que los parió!


Para más inri, aparte de esta curiosidad lingüística, Eslovaquia también tiene que cargar con otro sambenito, quizás más incómodo todavía. Y no es otro que ser el “hermano bastardo” de la República Checa. Esto no quiere decir que Chequia esté en boca de todo el mundo (al fin y al cabo, no somos más que unos burros ignorantes), pero su capital (Praga) yo diría que sí. Por lo menos cuando se acercan las vacaciones y los largos puentes del Pilar, todos los Santos y la Constitución. En esto último (porque en lo de burros ignorantes seguramente no habrá consenso) supongo que todos estamos de acuerdo.

Video: ahora que ya nos hemos aclarado con los nombres, ya podemos practicar con el idioma local


Pues bien, si suele decirse que España y Portugal somos “siameses unidos por la espalda” (haciendo referencia al escaso conocimiento que tenemos los unos de los otros a pesar de lo cerquita que estamos), en el caso de Chequia y Eslovaquia ellos serían “siameses unidos por el culo” puesto que, hasta 1993 (año en el que pacíficamente se separaron), ambos pueblos formaban la llamada República de Checoslovaquia y todo el mundo conoce este concepto (hasta tal punto que todavía hay gente que sigue utilizando ese nombre sin saber que ese país como tal ¡hace casi 20 años que ya no existe!). Hasta entonces, como iba diciendo, los habitantes de la parte eslovaca, por lo menos podían sentirse reconocidos por el mundo y ubicados geográficamente con mayor o menor acierto, compartiendo conocimiento solidariamente con sus hermanos checos. Pero la realidad es que, con la separación (política), Eslovaquia ha salido perdiendo en términos de “reconocimiento de marca-país” (brand awareness). O sea, que ahora no les conocen en el extranjero ni el Tato ni el gato Mariano. Al fin y al cabo (y para nuestra suerte, como más adelante veremos) Bratislava no es Praga.
 Foto: puente de Carlos (Praga) en hora punta

Comoquiera que la confusión geo-terminológica de la que hemos estado hablando siempre ha constituido un asunto incómodo, un buen día se me ocurrió –junto a unos amigos- rebautizar a nuestra querida Eslovaquia con el más inequívoco nombre de “República del Cervezón”. Las razones están claras. Y doradas. Y se beben en vaso alto (o jarra) y preferiblemente bien frías.

 Foto: visit Slovakia!


Pero corramos un tupido velo sobre la cuestión lingüística y volvamos al principio: por unas razones u otras –quien sabe si por una inconsciente empatía hacia un país pequeño que tiene un nombre que todo el mundo confunde con el de otro país y nuestra humana inclinación a apoyar al débil y pequeño-, Eslovaquia es un país que debemos adorar. Sobre todo, mientras las pintas de deliciosa cerveza nos sigan saliendo mucho más baratas que en España. Y siendo mi queridísima Raquel y yo destacados miembros del grupo feisbukiano “Amigos del Cervezón”, no podíamos desaprovechar nuestro viaje para dejarnos caer por allí. Eso y que el vuelo de regreso ya lo habíamos organizado para que saliera desde allí.

Ahora bien, no caigamos en el simplismo: a Eslovaquia no debemos ir exclusivamente a beber cerveza. No. También vamos allí porque vuela Ryanair, jeje.

En serio, viajar a Eslovaquia es la manera geográficamente más accesible de tener contacto con un país que todavía conserva un evocador aroma a “Soviet times” y a telón de acero. Sobre todo, si en Bratislava te das un paseo por el grisáceo distrito de Petrzalka (ver foto abajo). Ay, debo de ser un nostálgico... (sniff).

 Foto: aunque la mona se vista de seda, comunista se queda...
 (CONTINUARÁ...)

miércoles, 12 de octubre de 2011

Aviso: volvemos a las andadas...


Aunque han pasado ya un par de meses desde la última vez que publicamos algo en este humilde y modesto blog y la principal motivación del mismo –nuestro viaje a Praga y Bratislava- evidentemente ha tiempo que llegó a término, han sido muchas las voces de lectores y seguidores de las terrenales andanzas de Raquel y de un servidor quienes nos han obligado a seguir dando muestras de vida y, sobretodo, a retransmitirla sin recato alguno por la Red a través del “Blog de Raúl y Raquel”.

Para nuestra sorpresa, no solamente nuestros familiares y amigos más allegados han hecho cierto seguimiento de nuestras correrías, sino que también tenemos constancia de otras personas (amigos de amigos o -en el caso de nuestro querido y singularísimo amigo Samuelson- compañer@s de trabajo de amigos) sobre las que no pensábamos que pudiéramos tener ninguna influencia. Pero resulta que sí, que la red de redes tiene unos caminos inescrutables y que sus cables (y ondas) llegan a todas partes y, por ende, a tó quisqui.

 Foto: fiel seguidor de nuestro blog poniéndose al día

Y bueno, pues resulta que ese alto en el camino que hicimos allá a finales de agosto en este blog se ha ido convirtiendo en una inquietante fuente de preocupación y desasosiego para estos amigos, conocidos y compañeros de trabajo de conocidos que, con el paso de las semanas y la ausencia de nuevas noticias y publicaciones, no hacían más que preguntarse (a sí mismos y entre sí): ¿Qué ha sido de esta pareja de tórtolos? ¿Qué es de sus vidas? ¡Queremos de saber!

 Foto: el clamor popular

En resumen, esto ha sido un clamor popular. Y ha alcanzado un nivel de decibelios que ha acabado llegando hasta nuestros oídos. Habiendo sucedido esto, ese desasosiego que nosotros mismos creamos ha terminado por contagiársenos a nosotros mismos, de manera que nos habéis hecho conscientes de que este blog no podía quedarse así, en stand-by, en esa especie de inquietante indefinición que nadie sabía si era temporal o iba a quedar así para siempre. Supongo que nuestros fieles seguidores estarían diciéndose algo como “Si éstos han dejado de publicar en el blog, por lo menos deberían haberse despedido”.

Pero no hubo despedida, no. ¿Y por qué? Porque no nos hemos ido todavía y aún nos quedan cosas por decir y hemos vuelto para contarlas. Aprovecharé esta parrafada para, por el morro, metéroslo como una entrada nueva. Así vamos entrando en calor y recuperando la mecánica de su publicación. A continuación intentaré relataros las últimas horas de nuestro viaje, que discurrieron en la capital de Eslovaquia (Bratislava), en una jornada que pasará a nuestro recuerdo por el insano calor que allí soportamos. 

Así que, ya sabéis, volvemos...
Foto: hora de subir la persiana