jueves, 13 de octubre de 2011

Una de geopolítica y lingüística (Bratislava I)


Antes que nada, debo reconocerlo: he visitado muy poco de este país, pero por Eslovaquia siento una especial debilidad. ¿Por qué? Pues por muchas razones. Algunas de ellas –siendo plenamente consciente de que, además de mi queridísima Raquel, tenemos otras muchas seguidoras femeninas- no ha lugar a que se expresen en este foro. No sé si me explico ;) Otras, sin embargo, sí que merecen ser glosadas aquí.

Para empezar, esta pequeña república centroeuropea de poco más de 5 millones de habitantes siempre tendrá que cargar sobre sus espaldas con el sambenito de tener un nombre que se confunde con el de otra república -también pequeña y también centroeuropea-, que es Eslovenia. Reconozcámoslo antes de seguir, señores (y señoras): la confusión Eslovaquia-Eslovenia es todavía una lacra en la cultura popular y seguramente uno de los motivos que mantienen a este pequeño país en un casi absoluto desconocimiento por parte del gran público. De hecho, si no fuese por los vuelos Alicante-Bratislava de Ryanair, Eslovaquia todavía permanecería hoy día entre nosotros en el más profundo de los anonimatos, en la i-g-n-o-n-i-m-i-a (si no la deletreo no me sale). Y es que, lo que desconocemos o nos provoca confusiones y/o dolores de cabeza, preferimos ignorarlo.

 Foto: Estar está...

 Pero no os vayáis a creer que la culpa de esta confusión es exclusivamente nuestra y que somos automáticamente unos ignorantes y unos burros. Más bien al contrario, os reconfortará saber que, en lengua eslovaca, esa confusión Eslovaquia-Eslovenia que a nosotros nos lleva a mal traer es incluso más absurda, pues basta con atender a lo siguiente:

  • Eslovaquia -->  Slovensko
  • Eslovenia --> Slovinsko

Es decir, en su propia lengua los nombres de estos dos países se diferencian ¡en 1 sola letra! En resumen, ellos mismos han fomentado la confusión, ¡la madre que los parió!


Para más inri, aparte de esta curiosidad lingüística, Eslovaquia también tiene que cargar con otro sambenito, quizás más incómodo todavía. Y no es otro que ser el “hermano bastardo” de la República Checa. Esto no quiere decir que Chequia esté en boca de todo el mundo (al fin y al cabo, no somos más que unos burros ignorantes), pero su capital (Praga) yo diría que sí. Por lo menos cuando se acercan las vacaciones y los largos puentes del Pilar, todos los Santos y la Constitución. En esto último (porque en lo de burros ignorantes seguramente no habrá consenso) supongo que todos estamos de acuerdo.

Video: ahora que ya nos hemos aclarado con los nombres, ya podemos practicar con el idioma local


Pues bien, si suele decirse que España y Portugal somos “siameses unidos por la espalda” (haciendo referencia al escaso conocimiento que tenemos los unos de los otros a pesar de lo cerquita que estamos), en el caso de Chequia y Eslovaquia ellos serían “siameses unidos por el culo” puesto que, hasta 1993 (año en el que pacíficamente se separaron), ambos pueblos formaban la llamada República de Checoslovaquia y todo el mundo conoce este concepto (hasta tal punto que todavía hay gente que sigue utilizando ese nombre sin saber que ese país como tal ¡hace casi 20 años que ya no existe!). Hasta entonces, como iba diciendo, los habitantes de la parte eslovaca, por lo menos podían sentirse reconocidos por el mundo y ubicados geográficamente con mayor o menor acierto, compartiendo conocimiento solidariamente con sus hermanos checos. Pero la realidad es que, con la separación (política), Eslovaquia ha salido perdiendo en términos de “reconocimiento de marca-país” (brand awareness). O sea, que ahora no les conocen en el extranjero ni el Tato ni el gato Mariano. Al fin y al cabo (y para nuestra suerte, como más adelante veremos) Bratislava no es Praga.
 Foto: puente de Carlos (Praga) en hora punta

Comoquiera que la confusión geo-terminológica de la que hemos estado hablando siempre ha constituido un asunto incómodo, un buen día se me ocurrió –junto a unos amigos- rebautizar a nuestra querida Eslovaquia con el más inequívoco nombre de “República del Cervezón”. Las razones están claras. Y doradas. Y se beben en vaso alto (o jarra) y preferiblemente bien frías.

 Foto: visit Slovakia!


Pero corramos un tupido velo sobre la cuestión lingüística y volvamos al principio: por unas razones u otras –quien sabe si por una inconsciente empatía hacia un país pequeño que tiene un nombre que todo el mundo confunde con el de otro país y nuestra humana inclinación a apoyar al débil y pequeño-, Eslovaquia es un país que debemos adorar. Sobre todo, mientras las pintas de deliciosa cerveza nos sigan saliendo mucho más baratas que en España. Y siendo mi queridísima Raquel y yo destacados miembros del grupo feisbukiano “Amigos del Cervezón”, no podíamos desaprovechar nuestro viaje para dejarnos caer por allí. Eso y que el vuelo de regreso ya lo habíamos organizado para que saliera desde allí.

Ahora bien, no caigamos en el simplismo: a Eslovaquia no debemos ir exclusivamente a beber cerveza. No. También vamos allí porque vuela Ryanair, jeje.

En serio, viajar a Eslovaquia es la manera geográficamente más accesible de tener contacto con un país que todavía conserva un evocador aroma a “Soviet times” y a telón de acero. Sobre todo, si en Bratislava te das un paseo por el grisáceo distrito de Petrzalka (ver foto abajo). Ay, debo de ser un nostálgico... (sniff).

 Foto: aunque la mona se vista de seda, comunista se queda...
 (CONTINUARÁ...)

miércoles, 12 de octubre de 2011

Aviso: volvemos a las andadas...


Aunque han pasado ya un par de meses desde la última vez que publicamos algo en este humilde y modesto blog y la principal motivación del mismo –nuestro viaje a Praga y Bratislava- evidentemente ha tiempo que llegó a término, han sido muchas las voces de lectores y seguidores de las terrenales andanzas de Raquel y de un servidor quienes nos han obligado a seguir dando muestras de vida y, sobretodo, a retransmitirla sin recato alguno por la Red a través del “Blog de Raúl y Raquel”.

Para nuestra sorpresa, no solamente nuestros familiares y amigos más allegados han hecho cierto seguimiento de nuestras correrías, sino que también tenemos constancia de otras personas (amigos de amigos o -en el caso de nuestro querido y singularísimo amigo Samuelson- compañer@s de trabajo de amigos) sobre las que no pensábamos que pudiéramos tener ninguna influencia. Pero resulta que sí, que la red de redes tiene unos caminos inescrutables y que sus cables (y ondas) llegan a todas partes y, por ende, a tó quisqui.

 Foto: fiel seguidor de nuestro blog poniéndose al día

Y bueno, pues resulta que ese alto en el camino que hicimos allá a finales de agosto en este blog se ha ido convirtiendo en una inquietante fuente de preocupación y desasosiego para estos amigos, conocidos y compañeros de trabajo de conocidos que, con el paso de las semanas y la ausencia de nuevas noticias y publicaciones, no hacían más que preguntarse (a sí mismos y entre sí): ¿Qué ha sido de esta pareja de tórtolos? ¿Qué es de sus vidas? ¡Queremos de saber!

 Foto: el clamor popular

En resumen, esto ha sido un clamor popular. Y ha alcanzado un nivel de decibelios que ha acabado llegando hasta nuestros oídos. Habiendo sucedido esto, ese desasosiego que nosotros mismos creamos ha terminado por contagiársenos a nosotros mismos, de manera que nos habéis hecho conscientes de que este blog no podía quedarse así, en stand-by, en esa especie de inquietante indefinición que nadie sabía si era temporal o iba a quedar así para siempre. Supongo que nuestros fieles seguidores estarían diciéndose algo como “Si éstos han dejado de publicar en el blog, por lo menos deberían haberse despedido”.

Pero no hubo despedida, no. ¿Y por qué? Porque no nos hemos ido todavía y aún nos quedan cosas por decir y hemos vuelto para contarlas. Aprovecharé esta parrafada para, por el morro, metéroslo como una entrada nueva. Así vamos entrando en calor y recuperando la mecánica de su publicación. A continuación intentaré relataros las últimas horas de nuestro viaje, que discurrieron en la capital de Eslovaquia (Bratislava), en una jornada que pasará a nuestro recuerdo por el insano calor que allí soportamos. 

Así que, ya sabéis, volvemos...
Foto: hora de subir la persiana

domingo, 21 de agosto de 2011

Las informaciones prácticas: el ALOJAMIENTO

Si alguno de nuestros estimados lectores, a través de la lectura de nuestras aventuras, se ha visto animado a emularnos y se está planteando hacer un viaje similar al nuestro, vamos a dedicar esta entrada a plasmar algunas informaciones prácticas que pueden ser de mucha utilidad para los viajeros con menos experiencia.

También vamos a hablar de los hoteles donde hemos estado. Es más, vamos a empezar ahora mismo con este punto.

1) Alojamiento en PRAGA

1.a) Euroagentur Down Town (Žitná ul., 53. Barrio de NOVO MĚSTO.Web del hotel DownTown). Ubicado en una calle cercana a la referencial plaza de Venceslao –algo que es siempre muy útil para ubicar nuestra posición en un mapa-, el Down Town es un 4 estrellas que Raquel y yo podemos recomendar abiertamente, pues aunque la habitación donde estuvimos no era especialmente amplia, estaba dotada de todas las comodidades que uno espera de un hotel de esta categoría (a/a, minibar, caja fuerte, pantalla plana y wi-fi) y el desayuno era un aprovechable buffet libre (eso sí, no esperéis maravillas de la fruta fresca en esos países). Mención especial merece la cama de matrimonio, construida a base de unir 2 colchones individuales de 90 cms de ancho. Acostumbrada la pobre Raquel a mis (involuntarias) invasiones nocturnas, la amplitud de esta cama fue especialmente apreciada por vuestra querida amiga.

                                           Foto: Raquel mostrando la cama de 1,80m. de ancho

P.S.: La cadena hotelera Euroagentur tiene otro hotel de similar categoría (4*) en el mismo barrio donde estuvimos nosotros; en concreto, en la manzana de enfrente a nuestro hotel (Mezibranská ul.). Se llama Euroagentur SONATA y, aunque nosotros no lo hemos conocido personalmente, si dispone de los mismos estándares que el Down Town, debería ser una estupenda opción para alojarse. Web del hotel Sonata

1.b) Angelis Hotel (Pivovarská ul., 5. Barrio de SMÍCHOV. Web del hotel Angelis). Ubicado en la “calle de la fábrica de cerveza”, el Ángelis es un 3* que nos sorprendió gratamente por varias razones. Para empezar, después de la grata experiencia en el Down Town, nos esperábamos que un hotel de categoría inferior nos supiera a poco. Para colmo, uno se pone ya de mala leche cuando tiene que volver a preparar las maletas para mudarse a otro hotel. El motivo por el cuál no estuvimos en Praga siempre en el mismo hotel no lo voy a explicar aquí, pero aprovecho la ocasión para aconsejaros que no tengáis reparo de ir cambiando de hotel siempre que tengáis la posibilidad de encontrar un ahorro sustancial en vuestras reservas (en nuestro caso particular, este hotel nos salía -20 EUR más barato que el Down Town). Aunque en nuestro caso esta multiplicidad de hoteles no fue algo premeditado, en vista de la experiencia, no podemos descartarlo ni desaconsejárselo a nadie.

Aunque en el fondo reconocemos que esos 20 euros de ahorro son peccata minuta y que no nos hubiera importado en absoluto renunciar a ellos, dejar nuestras maletas quietas y seguir una noche (y un desayuno buffet) más en nuestro primer hotel, la experiencia de conocer un barrio menos conocido de Praga (Smíchov) y ubicado en la misma manzana de la fábrica de cerveza praguense STAROPRAMEN fue una grata sorpresa, pues esto nos permitió hacer una interesante visita al moderno centro de visitas de la cervecería, probar una exquisita cerveza no filtrada (nefiltrovane) de esta marca. De esta visita puede que hablemos en una nueva entrada, aunque si no lo hacemos aprovecharemos ahora para recomendarla vivamente.

En el barrio de Smíchov también hay una estación de tren, que Raquel y yo utilizamos para hacer una excursión de un día a la ciudad de Plzeň (en alemán, Pilsen), que no pasará a nuestro recuerdo con una grata memoria, pues el objetivo principal de la excursión era visitar la fábrica de la cerveza Pilsner-Urquell y resulta que se nos hizo tarde para hacer el tour. Esta visita turística es de obligado cumplimiento para un amigo del cervezón, por lo que nos la apuntamos en el Debe y la aparcamos para un próximo viaje.

Volviendo ya al hotel Angelis, reafirmamos nuestra recomendación al encontrarnos con un hotel con habitaciones amplias y suficientemente equipadas (aunque sin mini-bar), de cama extra-ancha como la otra y en un edificio dotado de un curioso y agradable patio interior que nos recordó a uno de esos “corrales de comedias” del Siglo de Oro o, como yo mismo dije, a un patio andalú.

                                           Foto: el descanso del bloggero

2) Alojamiento en BRATISLAVA
Hotel PARK INN DANUBE (Rybne nám. 1.) Web del hotel Park Inn Bratislava. Supongo que en este hotel, como en tantos otros, la satisfacción del huésped dependerá de la habitación que te haya tocado en suerte ocupar. En base a nuestra experiencia (que es la base sobre la que hablamos), nosotros no podemos aconsejar a nadie que repita allí. Mejor irse a otro hotel (quizá el Radisson Carlton en Hviezdoslavovo nám. ó el Crowne Plaza, ubicado frente al mismísimo palacio presidencial). Si bien por la tarde, en el aeropuerto de Bratislava, nos encontramos con una pareja de alicantinos que también se había alojado allí y con muy buena experiencia por su parte, a nosotros este hotel nos dejó bastante decepcionados.

Sobre el papel es un 4*, pero nuestra habitación, aunque estaba ubicada en la fachada del hotel con vistas al Danubio y al puente nuevo (coronado por el extraño “UFO”), tenía varias pegas. Para empezar, nuestra fachada estaba cubierta por una especie de tapiz (supongo que de publicidad) que nos impedía tener una vista diáfana del exterior; además, las ventanas no tenían buen aislamiento y el ruido del intenso tráfico de la avenida que discurre por esa fachada se percibía molestamente dentro de la habitación. Pero lo peor fue con el baño: no sólo el retrete estaba separado del resto del baño (literalmente, había un cuarto separado sólo para albergar la taza del váter), sino que los desagües de la bañera y del lavabo no funcionaban bien. Raquel y yo nos duchamos (separados) por la mañana (en Bratislava sólo pasamos una noche) y, a la hora de hacer el check-out (a las 12h. del mediodía), en la bañera todavía quedaba una preocupante cantidad de agua por vaciar.

En resumen, a pesar de la buena experiencia de la pareja de alicantinos del aeropuerto (suponemos que ellos sí recomendarían este hotel), la nuestra no fue la que debe corresponder a un hotel de 4*: un huésped de un hotel de nivel medio-alto no puede quedar a expensas de que su satisfacción dependa de la habitación donde le ubiquen; si es un 4*, todas las habitaciones deben ser de 4*.

Como guinda al pastel, también debo mencionar la decepción que nos llevamos al comprobar que el hotel disponía de piscina, pero no como servicio propio del hotel, sino como parte de un fitness center al que sí que podíamos acceder, pero previo pago de cierta cantidad. En suma, nosotros no vamos a repetir ahí y no podemos recomendarlo.

viernes, 19 de agosto de 2011

¡Y probé el GROG!


Esto sucedió en la noche del martes 16, en nuestro último trago antes de irnos al hotel para dormir después de una nueva agotadora jornada. Y tengo que escribir sobre él porque la pobre Raquel lleva sufriendo en sus carnes desde el primer día de viaje (y creo que incluso desde unos días antes) mis ansias por descubrir y conocer en qué consiste este novelesco mejunje alcohólico de nombre grog. También estoy obligado a escribir sobre él porque vosotros –estimados y estimadas lectores y lectoras-, debéis tener desde hace el inicio de este blog la mosca detrás de la oreja con respecto a esta dichosa palabra: seguro que más de un@ os estábais preguntado “¿Qué coño es un grog?”. Pues bien, ha llegado el momento de dar explicaciones sobre esto.

Antes de que se me olvide, aprovecho para ofreceros aquí una píldora de sabiduría al informaros que la palabra “groggy” (o “grogui”) proviene de la palabra grog. Teniendo en cuenta que el grog es una bebida basada en el ron, creo que no hace falta decir mucho más, ¿no?

Esta pequeña obsesión mía se fundamenta –aparte de para dar la brasa a Raquel con tonterías de vez en cuando- en mi reciente inicio de lectura de la desternillante novela “Las aventuras del buen soldado Švejk”, escrita por el literato checo Jaroslav Hašek. A la altura de Kafka en su país natal –Chequia-, el tal Hašek puede que fuera una mente turbada y perturbada como la de Kafka, pero al menos a él parece que las borracheras y sus tormentos mentales le inspiraban a escribir cosas divertidas y situaciones disparatadas e hilarantes que hacen todavía, pasados ya casi 100 años, reír al lector.

                                                         Foto: este libro es el culpable de una obsesión
                                                            
El caso es que, en la citada obra, el grog es el combinado alcohólico estrella que nos recuerda la estancia del protagonista con un capellán del ejército malhablado, aficionado a la bebida y a los escarceos con mujeres de la calle. En uno de los varios capítulos de la obra que cubren la estancia del buen Švejk con el capellán –de nombre Otto Katz-, la frase –pronunciada por Katz- “Švejk, ponme otro grog” creo que aparece, por lo menos, media docena de veces a lo largo de 2 ó 3 páginas: o sea, que el borrachín del capellán militar se pimpla en una sola jornada más de media docena de vasos dee este curioso combinado alcohólico.

Si ahora os añado que el protagonista (Švejk) es un hombre caracterizado por un notorio retraso mental y que, a pesar de ello, es reclutado para el ejército en el contexto de la I Guerra Mundial, entenderéis el tono general de las aventuras narradas en esta novela.

Y anoche resulta que en un pub, después de dar cuenta de una merecida cena finalmente nos atrevimos (invitado yo por Raquel) a pedir uno a modo de degustación. Si bien el grog era para el que os escribe (Raúl), debo hacer notar que la atrevida Raquel también lo probó…

…con un resultado tan satisfactorio que, después de haberle dado yo tanto la tabarra (antes, durante y, todavía, después del viaje), os debo confesar que Raquel se está planteando incorporarlo a la carta de bebidas del 3 Bandas y que los 3 primeros lectores que hayan publicado algún comentario interesante en este blog de aquí a la próxima semana serán invitados a una copa de este estupendo combinado. ¿Os apuntáis?

                                                 Foto: ¡¡¡El GROG!!!

P.D.: El que quiera saber en qué consiste exactamente esta bebida supongo que hará lo necesario para averiguarlo (al fin y al cabo, estará utilizando Internet). A modo de pista, nos limitaremos a presentar aquí la fórmula que nos hemos encontrado en la Wikipedia.

Ingredientes y elaboración

  • Un poco de ron negro (o un "mucho", según el grado de melopea que uno quiera pillar)
  • Una cucharadita de azúcar,
  • Jugo de lima (la fruta, el 7UP no vale)
  • Una rama de canela (para buscar el efecto afrodisíaco)
  • Agua hirviendo (con cuidado para no quemarse)
Se mezclan todos los ingredientes, añadiendo agua hirviendo hasta llenar el vaso.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Na shledanou, Praha


Hasta luego, Praga. Fue un placer volverte a ver. Hace un rato que nos hemos subido a otro tren (el 4º que cogemos en los 4 días que llevamos aquí) para dirigirnos a nuestro siguiente y último destino: Bratislava. De esta ciudad –también capital- hablaremos más tarde, aunque también puede que en éstas líneas que nos ocupan no lo haga y escriba después otra entrada nueva para poner algo en base a mi experiencia previa; es decir, antes de que lleguemos y hayamos hecho algo allí.

Teniendo en cuenta que este paseo en tren nos va a llevar un poco más de 4 horas y que hace ya un par de días que no escribimos nada, vamos a aprovechar el viaje para hacer recapitulación de lo vivido en las 2 últimas jornadas, que son de las que todavía no habéis leído nada de nuestra parte. Allá vamos.

Lunes 15-agosto: visita al Castillo de Praga (Hradčany)
Como corresponde al buen turista obediente, algo que no tiene que olvidar hacer en Praga es hacer una visita sin prisas al confusamente llamado “Castillo de Praga”. Y digo “confusamente” porque un turista español como nosotros y que no estuviera bien avisado podría esperar encontrarse un edificio con gruesos y macizos muros de piedra, pobre en ventanas y/o aperturas al exterior (por las lógicas razones de seguridad que motivan la propia existencia de un castillo), sus torreones, almenaras, sus mazmorras y salas de tortura y, ya puestos, un foso (en este caso sin cocodrilos, que no son animales autóctonos del lugar). Pero no, el caso es que visitar el castillo de Praga es como visitar un barrio más  de la ciudad: no se visita un edificio en singular, sino un recinto ubicado en un montículo en el que hay palacios (ahora convertidos en exposiciones de pinturas y obras de arte) y otros edificios de origen aristocrático, iglesias y la catedral de San Vito. También en este complejo se encuentra la pintoresca “Callejuela dorada” (Zlata ulička), que se encuentra al final del recorrido y alberga una interesante exposición de armaduras y armas medievales.

Si la noche anterior (del domingo 14, nuestra 1ª jornada de viaje) se despidió con una tormenta de verano que nos pilló a Raquel y a mí en medio de la ciudad y sin paraguas (los dejamos en el hotel), el lunes se despertó amenazando lluvia. Poco antes de terminar nuestra visita al Castillo, la amenaza se hizo realidad y comenzó una incómoda lluvia que en esta ocasión ya no nos pilló desprevenidos y sirvió para rentabilizar (en mi caso) los 2 euros invertidos en un paraguas de cuadritos escoceses comprado en los chinos.

Afortunadamente, la lluvia fue cesando a medida que avanzaba la tarde y, sumando esto a una reparadora siesta en el hotel -que alguien de este blog puede que recuerde durante mucho tiempo-, Raquel y yo nos atrevimos a salir de nuevo a patear las calles praguenses con el objetivo de plantar nuestros reales en la turística plaza de la ciudad vieja (staroměstska náměsti). Allí, visita obligada al fotogénico reloj astronómico de la torre del ayuntamiento, contemplación semi-extática del turístico “show” de las figuritas desfilando por el reloj y también fotos y posados obligados para la posteridad.
                                                         Foto: uno de los meones de David Cerny.

Al caer ya la noche, aprovechamos para cruzar el río Moldava por un puente menos vilipendiado por las hordas de turistas que el manido Puente de Carlos que nos plantaba en la entrada del evocador barrio de Mala Strana, unas fotos, cervezas con cena en pub local, visita a la escultura de los meones de David Cerny y regreso –en nuestra enésima travesía sobre el Puente de Carlos- para acercarnos lo más posible al hotel previa nueva ronda de cervezas en un pub chequísimo del vecindario. Digo esto porque los únicos forasteros éramos nosotros. En este punto debo hacer notar que en la carta de bebidas del pub me encontré con el enigmático “grog”, pero en esta ocasión no me atreví a probarlo, algo que no tardaría en suceder... (leer la siguiente entrada)

domingo, 14 de agosto de 2011

¡Ya hemos llegado!


Estimados amigos, nuestra operación salida ha sido un éxito; el vuelo ha ido bien –soportable, tratándose de Ryanair (pronúnciese “Ríanair” si uno trabaja como locutor en el aeropuerto de Alicante- hemos retirado de la cinta nuestro humilde equipaje sin mayor novedad en el coqueto aeropuerto de Brno y primera bofetada de realidad para el viajero consumado de la pareja: al ir a comprar los billetes para el autobús que nos habría de llevar al centro, voy a pagar con mis rescatados billetes pequeños de 50 coronas checas y la señora que atiende la tienda de revistas me llama la atención –hablando en checo- sobre algo referente a los billetes. Hablando en checo, os podéis imaginar que me he enterado de más bien poco, aunque por el lenguaje gestual quedaba patente que algo andaba mal con mis billetes. Yo, en un acto reflejo de incredulidad, inmediatamente me pongo a observar otra vez mis billetes (rescatados de mi colección de monedas y billetes extranjeros, atesorados por mí a través de tantos años de viajes, idas y venidas), no fuese a ser que, en un descuido mío, los billetes rescatados no fueran de coronas checas, sino eslovacas (porque allí un servidor también ha estado ya y también mi fiel compañera de viaje Raquel pronto podrá decir lo mismo) o de algún otro país (poco probable).

En medio de esta confusión (que duró menos de lo que yo he tardado en redactar el anterior párrafo, no os vayáis a creer), se incorporó un agente de policía para intentar mediar en el asunto. Nuevamente, de lengua inglesa ni hablar, pero gracias a un inteligente acto de la señora del kiosco, quien me sacó una moneda de 50 coronas a modo de ejemplo, finalmente pude entender que los billetes de esa cantidad ya no son de curso legal, por lo que ahora tendré que ingeniármelas para no perder esos 2 pequeños billetes que me he traído y que son el pasaporte a, aproximadamente, 4 pintas de estupenda y refrescante cerveza checa (o sea, pivo). 

Hablando de cerveza, me recuerda mi fiel compañera de viaje que no se me olvide hacer mención de que ya nos hemos pimplado aquí nuestra primera lata (de 0,5L, que es el tamaño estándar por estos lares). Siguiendo la costumbre local (aprendida en otros viajes anteriores que un servidor ha hecho por tierras centroeuropeas), antes de subirnos al tren que nos iba a conducir a Praga, hemos hecho acopio de esta lata junto con unas bolsitas de snacks. Puesto que en los trenes que circulan por estas tierras no nos ponen películas en la tele (pues no la hay), tampoco hay hilo musical y no nos reparten prensa ni revistas ni se nos ameniza el viaje con monólogos de la Paramount Comedy, el viajero local tiene la costumbre de pasar el rato bebiendo y comiendo guarrerías. Y, para hacer bueno el dicho de “Donde fueres…”, Raquel y yo hemos hecho lo mismo y tenemos ya en la papelera una bolsita vacía de ganchitos de queso y la citada primera lata de cerveza de nuestro viaje.

Y he dicho “primera” porque, aparte de que es la verdad, se me está pasando por la cabeza el ir apuntándome las que nos vamos pimplando a lo largo de este viaje que acabamos de empezar. Teniendo un ordenador a mano, no creo que sea una tarea tan difícil, ¿verdad?

Por cierto, si eres de Yoigo, infórmate antes de viajar al extranjero de cómo hacer que tu móvil tenga cobertura de red. Raquel se ha llevado una desagradable sorpresa al poner pies en tierras checas y comprobar que el móvil sólo le va a servir como reloj y despertador. ¡Avisados estáis, hamijos!

sábado, 13 de agosto de 2011

Horas previas: Operación Maleta

Estimados amigos, esto seguramente no ocurría en la era pre-Ryanair, pero en los tiempos que vivimos, prepararse la maleta para un viaje en avión se ha complicado de una manera tremenda. También es importante hacer notar que una cosa es volar y otra distinta es volar con Ryanair (o con una low-cost similar, aunque me cuesta creer que haya alguna low-cost más ratera y vil que la aerolínea irlandesa). Lo que sucede es que la evolución del mercado, acompañado por el constatado deseo de cada vez más gente de viajar más veces y más lejos) nos ha conducido a este punto: ahora vas a viajar en un avión y tienes que pagar por casi cualquier tontería, especialmente por tu maleta, como si la gente que va en un viaje de Alicante a Helsinki tuviera bastante con la billetera, la cazadora y el periódico de la mañana.Las ideas de Ryanair

Pues no, señores. Para viajar necesitamos equipaje. Y hacernos pagar dinero suplementario por él como si fuese un accesorio extra es una práctica digna del peor canalla: señores de Ryanair y demás low-cost, ¡sois gentuza! 


Pues hala, ya me he desahogado. Aparte de mi terapéutico desahogo, este rato que he echado aquí despotricando de estos chiflados irlandeses alados y sus acólitos, parece que mi querida compañera de viaje Raquel ha ordenado ya sus ideas con respecto al equipaje que nos tenemos que llevar a este emocionante viaje. Si atendemos al panorama que me he encontrado yo al llegar a su humilde morada hace sólo un par de horas, cualquiera podría pensar que podríamos tener un problema para evitar el temido exceso de equipaje.
Compruébenlo por ustedes mismos...
 
Pero no, la imagen anterior ya no está vigente: al final hemos llegado a un lógico consenso y, como era de esperar, ha sido el hombre el que ha salido perdiendo. La mujer se va a llevar todos los trapitos que piensa que va a necesitar en esta aventura extranjera, mientras que el sufrido hombre se va con una mano delante y otra detrás. Raquel, ¿cómo dices? ¿que esto que digo es una mentira como un piano? Aagghhh, estáte quieta, déjame seguir escr...z.qewqaf x.....