Esto sucedió en la noche del martes 16, en nuestro último trago antes de irnos al hotel para dormir después de una nueva agotadora jornada. Y tengo que escribir sobre él porque la pobre Raquel lleva sufriendo en sus carnes desde el primer día de viaje (y creo que incluso desde unos días antes) mis ansias por descubrir y conocer en qué consiste este novelesco mejunje alcohólico de nombre grog. También estoy obligado a escribir sobre él porque vosotros –estimados y estimadas lectores y lectoras-, debéis tener desde hace el inicio de este blog la mosca detrás de la oreja con respecto a esta dichosa palabra: seguro que más de un@ os estábais preguntado “¿Qué coño es un grog?”. Pues bien, ha llegado el momento de dar explicaciones sobre esto.
Antes de que se me olvide, aprovecho para ofreceros aquí una píldora de sabiduría al informaros que la palabra “groggy” (o “grogui”) proviene de la palabra grog. Teniendo en cuenta que el grog es una bebida basada en el ron, creo que no hace falta decir mucho más, ¿no?
Esta pequeña obsesión mía se fundamenta –aparte de para dar la brasa a Raquel con tonterías de vez en cuando- en mi reciente inicio de lectura de la desternillante novela “Las aventuras del buen soldado Švejk”, escrita por el literato checo Jaroslav Hašek. A la altura de Kafka en su país natal –Chequia-, el tal Hašek puede que fuera una mente turbada y perturbada como la de Kafka, pero al menos a él parece que las borracheras y sus tormentos mentales le inspiraban a escribir cosas divertidas y situaciones disparatadas e hilarantes que hacen todavía, pasados ya casi 100 años, reír al lector.
Foto: este libro es el culpable de una obsesión
El caso es que, en la citada obra, el grog es el combinado alcohólico estrella que nos recuerda la estancia del protagonista con un capellán del ejército malhablado, aficionado a la bebida y a los escarceos con mujeres de la calle. En uno de los varios capítulos de la obra que cubren la estancia del buen Švejk con el capellán –de nombre Otto Katz-, la frase –pronunciada por Katz- “Švejk, ponme otro grog” creo que aparece, por lo menos, media docena de veces a lo largo de 2 ó 3 páginas: o sea, que el borrachín del capellán militar se pimpla en una sola jornada más de media docena de vasos dee este curioso combinado alcohólico.
Si ahora os añado que el protagonista (Švejk) es un hombre caracterizado por un notorio retraso mental y que, a pesar de ello, es reclutado para el ejército en el contexto de la I Guerra Mundial, entenderéis el tono general de las aventuras narradas en esta novela.
Y anoche resulta que en un pub, después de dar cuenta de una merecida cena finalmente nos atrevimos (invitado yo por Raquel) a pedir uno a modo de degustación. Si bien el grog era para el que os escribe (Raúl), debo hacer notar que la atrevida Raquel también lo probó…
…con un resultado tan satisfactorio que, después de haberle dado yo tanto la tabarra (antes, durante y, todavía, después del viaje), os debo confesar que Raquel se está planteando incorporarlo a la carta de bebidas del 3 Bandas y que los 3 primeros lectores que hayan publicado algún comentario interesante en este blog de aquí a la próxima semana serán invitados a una copa de este estupendo combinado. ¿Os apuntáis?
Foto: ¡¡¡El GROG!!!
P.D.: El que quiera saber en qué consiste exactamente esta bebida supongo que hará lo necesario para averiguarlo (al fin y al cabo, estará utilizando Internet). A modo de pista, nos limitaremos a presentar aquí la fórmula que nos hemos encontrado en la Wikipedia.
Ingredientes y elaboración
- Un poco de ron negro (o un "mucho", según el grado de melopea que uno quiera pillar)
- Una cucharadita de azúcar,
- Jugo de lima (la fruta, el 7UP no vale)
- Una rama de canela (para buscar el efecto afrodisíaco)
- Agua hirviendo (con cuidado para no quemarse)
Se mezclan todos los ingredientes, añadiendo agua hirviendo hasta llenar el vaso.


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