domingo, 14 de agosto de 2011

¡Ya hemos llegado!


Estimados amigos, nuestra operación salida ha sido un éxito; el vuelo ha ido bien –soportable, tratándose de Ryanair (pronúnciese “Ríanair” si uno trabaja como locutor en el aeropuerto de Alicante- hemos retirado de la cinta nuestro humilde equipaje sin mayor novedad en el coqueto aeropuerto de Brno y primera bofetada de realidad para el viajero consumado de la pareja: al ir a comprar los billetes para el autobús que nos habría de llevar al centro, voy a pagar con mis rescatados billetes pequeños de 50 coronas checas y la señora que atiende la tienda de revistas me llama la atención –hablando en checo- sobre algo referente a los billetes. Hablando en checo, os podéis imaginar que me he enterado de más bien poco, aunque por el lenguaje gestual quedaba patente que algo andaba mal con mis billetes. Yo, en un acto reflejo de incredulidad, inmediatamente me pongo a observar otra vez mis billetes (rescatados de mi colección de monedas y billetes extranjeros, atesorados por mí a través de tantos años de viajes, idas y venidas), no fuese a ser que, en un descuido mío, los billetes rescatados no fueran de coronas checas, sino eslovacas (porque allí un servidor también ha estado ya y también mi fiel compañera de viaje Raquel pronto podrá decir lo mismo) o de algún otro país (poco probable).

En medio de esta confusión (que duró menos de lo que yo he tardado en redactar el anterior párrafo, no os vayáis a creer), se incorporó un agente de policía para intentar mediar en el asunto. Nuevamente, de lengua inglesa ni hablar, pero gracias a un inteligente acto de la señora del kiosco, quien me sacó una moneda de 50 coronas a modo de ejemplo, finalmente pude entender que los billetes de esa cantidad ya no son de curso legal, por lo que ahora tendré que ingeniármelas para no perder esos 2 pequeños billetes que me he traído y que son el pasaporte a, aproximadamente, 4 pintas de estupenda y refrescante cerveza checa (o sea, pivo). 

Hablando de cerveza, me recuerda mi fiel compañera de viaje que no se me olvide hacer mención de que ya nos hemos pimplado aquí nuestra primera lata (de 0,5L, que es el tamaño estándar por estos lares). Siguiendo la costumbre local (aprendida en otros viajes anteriores que un servidor ha hecho por tierras centroeuropeas), antes de subirnos al tren que nos iba a conducir a Praga, hemos hecho acopio de esta lata junto con unas bolsitas de snacks. Puesto que en los trenes que circulan por estas tierras no nos ponen películas en la tele (pues no la hay), tampoco hay hilo musical y no nos reparten prensa ni revistas ni se nos ameniza el viaje con monólogos de la Paramount Comedy, el viajero local tiene la costumbre de pasar el rato bebiendo y comiendo guarrerías. Y, para hacer bueno el dicho de “Donde fueres…”, Raquel y yo hemos hecho lo mismo y tenemos ya en la papelera una bolsita vacía de ganchitos de queso y la citada primera lata de cerveza de nuestro viaje.

Y he dicho “primera” porque, aparte de que es la verdad, se me está pasando por la cabeza el ir apuntándome las que nos vamos pimplando a lo largo de este viaje que acabamos de empezar. Teniendo un ordenador a mano, no creo que sea una tarea tan difícil, ¿verdad?

Por cierto, si eres de Yoigo, infórmate antes de viajar al extranjero de cómo hacer que tu móvil tenga cobertura de red. Raquel se ha llevado una desagradable sorpresa al poner pies en tierras checas y comprobar que el móvil sólo le va a servir como reloj y despertador. ¡Avisados estáis, hamijos!

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