Hasta luego, Praga. Fue un placer volverte a ver. Hace un rato que nos hemos subido a otro tren (el 4º que cogemos en los 4 días que llevamos aquí) para dirigirnos a nuestro siguiente y último destino: Bratislava. De esta ciudad –también capital- hablaremos más tarde, aunque también puede que en éstas líneas que nos ocupan no lo haga y escriba después otra entrada nueva para poner algo en base a mi experiencia previa; es decir, antes de que lleguemos y hayamos hecho algo allí.
Teniendo en cuenta que este paseo en tren nos va a llevar un poco más de 4 horas y que hace ya un par de días que no escribimos nada, vamos a aprovechar el viaje para hacer recapitulación de lo vivido en las 2 últimas jornadas, que son de las que todavía no habéis leído nada de nuestra parte. Allá vamos.
Lunes 15-agosto: visita al Castillo de Praga (Hradčany)
Como corresponde al buen turista obediente, algo que no tiene que olvidar hacer en Praga es hacer una visita sin prisas al confusamente llamado “Castillo de Praga”. Y digo “confusamente” porque un turista español como nosotros y que no estuviera bien avisado podría esperar encontrarse un edificio con gruesos y macizos muros de piedra, pobre en ventanas y/o aperturas al exterior (por las lógicas razones de seguridad que motivan la propia existencia de un castillo), sus torreones, almenaras, sus mazmorras y salas de tortura y, ya puestos, un foso (en este caso sin cocodrilos, que no son animales autóctonos del lugar). Pero no, el caso es que visitar el castillo de Praga es como visitar un barrio más de la ciudad: no se visita un edificio en singular, sino un recinto ubicado en un montículo en el que hay palacios (ahora convertidos en exposiciones de pinturas y obras de arte) y otros edificios de origen aristocrático, iglesias y la catedral de San Vito. También en este complejo se encuentra la pintoresca “Callejuela dorada” (Zlata ulička), que se encuentra al final del recorrido y alberga una interesante exposición de armaduras y armas medievales.
Si la noche anterior (del domingo 14, nuestra 1ª jornada de viaje) se despidió con una tormenta de verano que nos pilló a Raquel y a mí en medio de la ciudad y sin paraguas (los dejamos en el hotel), el lunes se despertó amenazando lluvia. Poco antes de terminar nuestra visita al Castillo, la amenaza se hizo realidad y comenzó una incómoda lluvia que en esta ocasión ya no nos pilló desprevenidos y sirvió para rentabilizar (en mi caso) los 2 euros invertidos en un paraguas de cuadritos escoceses comprado en los chinos.
Afortunadamente, la lluvia fue cesando a medida que avanzaba la tarde y, sumando esto a una reparadora siesta en el hotel -que alguien de este blog puede que recuerde durante mucho tiempo-, Raquel y yo nos atrevimos a salir de nuevo a patear las calles praguenses con el objetivo de plantar nuestros reales en la turística plaza de la ciudad vieja (staroměstska náměsti). Allí, visita obligada al fotogénico reloj astronómico de la torre del ayuntamiento, contemplación semi-extática del turístico “show” de las figuritas desfilando por el reloj y también fotos y posados obligados para la posteridad.
Foto: uno de los meones de David Cerny.
Al caer ya la noche, aprovechamos para cruzar el río Moldava por un puente menos vilipendiado por las hordas de turistas que el manido Puente de Carlos que nos plantaba en la entrada del evocador barrio de Mala Strana, unas fotos, cervezas con cena en pub local, visita a la escultura de los meones de David Cerny y regreso –en nuestra enésima travesía sobre el Puente de Carlos- para acercarnos lo más posible al hotel previa nueva ronda de cervezas en un pub chequísimo del vecindario. Digo esto porque los únicos forasteros éramos nosotros. En este punto debo hacer notar que en la carta de bebidas del pub me encontré con el enigmático “grog”, pero en esta ocasión no me atreví a probarlo, algo que no tardaría en suceder... (leer la siguiente entrada)

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