Antes que nada, debo reconocerlo:
he visitado muy poco de este país, pero por Eslovaquia siento una especial
debilidad. ¿Por qué? Pues por muchas razones. Algunas de ellas –siendo
plenamente consciente de que, además de mi queridísima Raquel, tenemos otras
muchas seguidoras femeninas- no ha lugar a que se expresen en este foro. No sé
si me explico ;) Otras, sin embargo, sí que merecen ser glosadas aquí.
Para empezar, esta pequeña
república centroeuropea de poco más de 5 millones de habitantes siempre tendrá
que cargar sobre sus espaldas con el sambenito de tener un nombre que se
confunde con el de otra república -también pequeña y también centroeuropea-,
que es Eslovenia. Reconozcámoslo antes de seguir, señores (y señoras): la
confusión Eslovaquia-Eslovenia es todavía una lacra en la cultura popular y
seguramente uno de los motivos que mantienen a este pequeño país en un casi
absoluto desconocimiento por parte del gran público. De hecho, si no fuese por
los vuelos Alicante-Bratislava de Ryanair, Eslovaquia todavía permanecería hoy
día entre nosotros en el más profundo de los anonimatos, en la
i-g-n-o-n-i-m-i-a (si no la deletreo no me sale). Y es que, lo que desconocemos
o nos provoca confusiones y/o dolores de cabeza, preferimos ignorarlo.
Foto: Estar está...
Pero no os vayáis a creer que la
culpa de esta confusión es exclusivamente nuestra y que somos automáticamente
unos ignorantes y unos burros. Más bien al contrario, os reconfortará saber
que, en lengua eslovaca, esa confusión Eslovaquia-Eslovenia que a nosotros nos
lleva a mal traer es incluso más absurda, pues basta con atender a lo
siguiente:
- Eslovaquia --> Slovensko
- Eslovenia --> Slovinsko
Es decir, en su propia lengua los
nombres de estos dos países se diferencian ¡en 1 sola letra! En resumen, ellos
mismos han fomentado la confusión, ¡la madre que los parió!
Para más inri, aparte de esta curiosidad
lingüística, Eslovaquia también tiene que cargar con otro sambenito, quizás más
incómodo todavía. Y no es otro que ser el “hermano bastardo” de la República
Checa. Esto no quiere decir que Chequia esté en boca de todo el mundo (al fin y
al cabo, no somos más que unos burros ignorantes), pero su capital (Praga) yo
diría que sí. Por lo menos cuando se acercan las vacaciones y los largos
puentes del Pilar, todos los Santos y la Constitución. En esto último (porque
en lo de burros ignorantes seguramente no habrá consenso) supongo que
todos estamos de acuerdo.
Video: ahora que ya nos hemos aclarado con los nombres, ya
podemos practicar con el idioma local
Pues bien, si suele decirse que
España y Portugal somos “siameses unidos por la espalda” (haciendo
referencia al escaso conocimiento que tenemos los unos de los otros a pesar de
lo cerquita que estamos), en el caso de Chequia y Eslovaquia ellos serían “siameses
unidos por el culo” puesto que, hasta 1993 (año en el que pacíficamente se
separaron), ambos pueblos formaban la llamada República de Checoslovaquia y
todo el mundo conoce este concepto (hasta tal punto que todavía hay gente que sigue utilizando ese nombre sin saber que ese país como tal ¡hace casi 20 años que ya no existe!). Hasta
entonces, como iba diciendo, los habitantes de la parte eslovaca, por lo menos
podían sentirse reconocidos por el mundo y ubicados geográficamente con mayor o
menor acierto, compartiendo conocimiento solidariamente con sus hermanos checos.
Pero la realidad es que, con la separación (política), Eslovaquia ha salido
perdiendo en términos de “reconocimiento de marca-país” (brand awareness).
O sea, que ahora no les conocen en el extranjero ni el Tato ni el gato Mariano.
Al fin y al cabo (y para nuestra suerte, como más adelante veremos) Bratislava
no es Praga.
Foto: puente de Carlos (Praga) en hora punta
Comoquiera que la confusión geo-terminológica
de la que hemos estado hablando siempre ha constituido un asunto incómodo, un
buen día se me ocurrió –junto a unos amigos- rebautizar a nuestra querida
Eslovaquia con el más inequívoco nombre de “República del Cervezón”. Las
razones están claras. Y doradas. Y se beben en vaso alto (o jarra) y
preferiblemente bien frías.
Foto: visit Slovakia!
Pero corramos un tupido velo
sobre la cuestión lingüística y volvamos al principio: por unas razones u otras
–quien sabe si por una inconsciente empatía hacia un país pequeño que tiene un
nombre que todo el mundo confunde con el de otro país y nuestra humana
inclinación a apoyar al débil y pequeño-, Eslovaquia es un país que debemos adorar.
Sobre todo, mientras las pintas de deliciosa cerveza nos sigan saliendo mucho
más baratas que en España. Y siendo mi queridísima Raquel y yo destacados
miembros del grupo feisbukiano “Amigos del Cervezón”, no podíamos
desaprovechar nuestro viaje para dejarnos caer por allí. Eso y que el vuelo de
regreso ya lo habíamos organizado para que saliera desde allí.
Ahora bien, no caigamos en el simplismo:
a Eslovaquia no debemos ir exclusivamente a beber cerveza. No. También vamos
allí porque vuela Ryanair, jeje.
En serio, viajar a Eslovaquia es la manera geográficamente
más accesible de tener contacto con un país que todavía conserva un evocador
aroma a “Soviet times” y a telón de acero. Sobre todo, si en Bratislava
te das un paseo por el grisáceo distrito de Petrzalka (ver foto abajo). Ay, debo de ser un
nostálgico... (sniff).
Foto: aunque la mona se vista de seda, comunista se queda...
(CONTINUARÁ...)















